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Dante Caputo

17 Mayo 1985
Discurso del Sr. Canciller Dante Caputo
Organización de las Naciones Unidas
Movimiento de Países No Alineados

Señor presidente:

Agradezco a usted y a los miembros del Movimiento la rápida convocatoria de esta reunión especial. El firme y continuado apoyo del Movimiento de los Países No Alineados a los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas representa un invalorable aporte a nuestra lucha por recuperar los territorios usurpados por el Reino Unido.

Amenaza para la comunidad internacional

Mi objetivo es informar al Movimiento sobre las últimas medidas de carácter estratégico adoptadas por el gobierno británico en el Atlántico Sur y advertir sobre la amenaza que ellas representan para la Argentina, Latinoamérica y la comunidad internacional en general.

Como es sabido, durante los tres últimos años el Reino Unido ha procurado consolidar su posición militar en el Atlántico Sur, mediante la instalación de una poderosa base militar que incluye componentes con capacidad nuclear. El domingo pasado, en lo que hasta ahora constituye el más importante paso en esa dirección, el gobierno británico inauguró un aeropuerto estratégico en las Islas Malvinas.

Londres ha pretendido justificar la militarización del Atlántico Sur en diversos argumentos que, como veremos, son sólo excusas para encubrir otros y graves designios estratégicos y políticos. Esos designios exceden el marco de la disputa de soberanía con la Argentina y se traducen en objetivos globales, sobre los que los países latinoamericanos no hemos sido consultados y que amenazan con transformar al Atlántico Sur en un nuevo y peligroso foco del conflicto entre las superpotencias. Su gravedad es aumentada porque coinciden con la inflexible negativa del gobierno británico a reiniciar las negociaciones con la Argentina de conformidad con la Carta y resoluciones de las Naciones Unidas y las decisiones de este Movimiento sobre la cuestión de las islas Malvinas.

Iniciativa argentina - Diálogo abierto

La justificación más frecuente del gobierno británico para la militarización del Atlántico Sur es la supuesta necesidad de defender las islas Malvinas contra posibles ataques desde la Argentina continental. Esa hipótesis no está respaldada por los hechos. Es política y militarmente equivocada.

Es insostenible políticamente porque, como es bien sabido por la comunidad internacional, mi gobierno se ha comprometido a procurar la restitución de los territorios usurpados por el Reino Unido a la Argentina sólo por los medios pacíficos de solución de controversias internacionales previstos en la Carta de las Naciones Unidas. En ningún momento ha existido o existirá siquiera una mínima desviación de ese firme compromiso.

Nuestra iniciativa y permanente disposición a un diálogo abierto que permita arreglar concertadamente todas las diferencias con el Reino Unido, testimonian la actitud que he des cripta. Por el contrario, muy distinta ha sido la posición del gobierno británico, cuya inflexibilidad e intransigencia han cerrado hasta ahora teclas las puertas a una solución concertada y respetuosa de la Carta de las Naciones Unidas. La única respuesta británica a las iniciativas argentinas y a los llamamientos de la comunidad internacional al diálogo y la negociación ha sido la continuada fortificación de las islas.

La necesidad de fortificar exageradamente las islas para defenderlas de Imaginados ataques argentinos tampoco puede ser sostenida desde el punto de vista estrictamente militar. El propio gobierno y fuentes militares británicos han reconocido que los equipos, armamentos y personal exceden ampliamente los requeridos en el caso de un ataque argentino. Análisis técnicos de origen británico confirman que, en realidad, con la inauguración del aeropuerto el Reino Unido ha instalado en el Atlántico Sur una unidad estratégica en el sentido más preciso de la expresión. Es decir, una unidad militar con capacidad ofensiva.

En efecto, construido a un costo superior a los 400 millones de libras y con una pista principal de 2.590 metros, el nuevo aeropuerto está en condiciones de recibir los mayores y más poderosos aviones de combate y transporte. Estudios británicos destacan que, por sus características, el aeropuerto permitirá no sólo que aeronaves de gran alcance, como los Super VC 10 y Boeing 747, unan Londres con las islas sin escalas o abastecimiento aéreo sino, por ejemplo, desembarcar un número sustancial de soldados en territorio continental argentino en 24 horas.

Informes del Comité de Defensa del Parlamento y especialistas británicos confirman que en las islas hay un número apreciable de aviones Phantom y Harrier, helicópteros de combate y media docena de aviones Hércules. El papel ofensivo del aeropuerto es acentuado por su capacidad para sostener entre 3 y 6 escuadrones (le aviones Tornado, Buccanner y Phantom. El Tornado tiene capacidad para transportar armamento nuclear y operar sin reabastecimiento en un radio de 1.570 kilómetros. Con uno o dos reabastecimientos en el aire, esa aptitud aumenta a 2.520 y 4.740 kilómetros respectivamente. En esas distancias se hallan incluidos los territorios de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, el sur del Brasil y Perú.

He mencionado que el Tornado puede transportar armamento nuclear. Este detalle no debería ser tomado ligeramente. El 2 de mayo pasado el gobierno británico anticipó su intención. de dotar con armamento nuclear la mitad de sus escuadrones de combate de primera línea. Como he señalado, varios de esos escuadrones están o podrían ser destacados en las islas Malvinas.

A estos graves hechos se suma la presencia en la región de las islas de navíos de guerra dotados del más moderno armamento ofensivo y submarinos nucleares. Fuentes británicas han estimado que prácticamente un cuarto de todos los destructores y fragatas de la Marina Real están asignados al Atlántico Sur. Las islas cuentan con instalaciones misilísticas y sofisticado s sistemas de radar. El total del personal militar excede los 4.000 hombres, la población civil estable, es útil recordar, oscila entre 1.600 y 1.800 habitantes.

Las cifras involucradas también son elocuentes. Cálculos oficiales británicos establecen que entre 1982 y 1986 Londres habrá invertido 2.500 millones de libras en fortificar las islas. Ello equivale a casi un millón y medio de libras por habitante. La dimensión de este gasto es mejor apreciada si recordamos que el gobierno británico, que en las Naciones Unidas se jacta de privilegiar los intereses y deseos de los habitantes, ha asignado sólo 31 millones de libras a los planes de desarrollo isleños durante el período 1983-1988.

El domingo pasado, el gobierno británico deslizó la posibilidad de que la inauguración del aeropuerto permita reducir el número de las tropas estacionadas en las Malvinas y Georgias del Sur.

Si así fuera, el gobierno británico estaría dando un paso alentador. Sin embargo, tenemos derecho a sospechar que tal insinuación es puramente circunstancial y sólo busca atemperar el previsible efecto negativo de este nuevo e imprudente escalamiento estratégico en el territorio disputado con la Argentina. Aún más, el gobierno británico informó recientemente al Parlamento que no es previsible una reducción significativa de los efectivos mili" tares en el Atlántico Sur ni siquiera en el caso de una cesación formal de las hostilidades, cuya ficticia necesidad queda así confirmada.

Negativa británica a negociar

El gobierno británico dice que la Argentina no ha declarado el cese formal de hostilidades después del conflicto del Atlántico Sur de 1982. De esta manera, pretende justificar su total negativa a iniciar las negociaciones tendientes a solucionar por la vía pacífica la disputa de soberanía.

Desde luego, Londres se cuida muy bien de ocultar que después de la agresión de Suez de 1956 el Reino Unido nunca adoptó una medida similar. Así pues, suponiendo que su argumento fuera válido para mi país, también entonces Gran Bretaña estaría todavía técnicamente en estado de hostilidades con Egipto.

Pero hay algo más, que el gobierno británico deliberadamente pasa por alto para disimular su actitud de abierta rebeldía frente a las Resoluciones del órgano máximo de esta Organización, y es que el presidente de la Nación Argentina en distintas oportunidades, ante nuestro Parlamento, ante las Naciones Unidas, ante su propio pueblo y en múltiples instancias internacionales, se ha comprometido solemnemente a utilizar sólo los métodos diplomáticos, por definición pacíficos, para obtener satisfacción a las justas y legítimas reivindicaciones Argentinas respecto de la soberanía, sobre las islas Malvinas.

Soberanía

Reitero en esta ocasión lo que tantas veces ha sostenido mi gobierno: estamos dispuestos a sentarnos a la mesa de negociaciones con representantes británicos en cualquier momento y en cualquier lugar, para resolver absolutamente todos los problemas pendientes con Gran Bretaña. Lo que no podemos admitir, por supuesto, es que a priori se quiera excluir de la agenda de las negociaciones precisamente aquella cuestión que ha dado origen al actual estado de cosas, vale decir la disputa de soberanía. No podemos renunciar a 10 irrenunciable ni ignorar los múltiples pronunciamientos de la Asamblea General que ha indicado a las claras cuál es su mandato en este asunto.

Base estratégica

Un argumento adicional de Londres para explicar la decisión de construir el aeropuerto estratégico es que ello favorecerá el desarrollo económico de las islas. No considero necesario extenderme sobre este punto. La verdad es que el Ministerio de Defensa británico se ha reservado su uso exclusivo y que el aeropuerto estará cerrado a los vuelos civiles. Por otro lado, ya he mencionado cifras demostrativas del lugar que realmente ocupa el desarrollo económico de las islas entre las prioridades británicas.

La debilidad de los justificativos británicos para instalar una base estratégica en nuestra región es, pues, evidente. El alegado peligro de una invasión argentina es simplemente inexistente. La disputa de soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur no alcanza para explicar una política beligerante que en relación con la actitud y posibilidades ofensivas de la Argentina, es notoriamente injustificada y desproporcionada.

¿Cuáles son los verdaderos objetivos del actual gobierno británico en el Atlántico Sur? La respuesta tiene dos dimensiones: una bilateral y otra multilateral.

Por un lado, es evidente que el Reino Unido procura estar en condiciones de poder actuar militarmente sobre el territorio continental argentino. El aeropuerto estratégico inaugurado hace menos de una semana es indispensable para que, de decidirse Londres a agredir a la Argentina, en pocas horas sus tropas puedan ocupar puntos estratégicos de nuestro territorio continental. Esa capacidad ha sido obtenida por el Reino Unido a un costo de 2.500 millones de libras. Uno no puede menos que imaginar cuánto se hubiera podido avanzar en la solución del conflicto sobre las Malvinas si tan sólo una porción de esa irracional suma hubiera sido aplicada para alentar negociaciones y no agresiones.

En el marco bilateral, pues, sólo desde una perspectiva agresiva tiene algún sentido el actual despliegue estratégico británico en las Malvinas. En verdad, no existen garantías de que el Reino Unido, so pretexto de prevenir un imaginado intento de recuperar las islas por las fuerza, no proyecte acciones ofensivas contra puntos seleccionados de la Argentina continental. Lejos de aventurada, esta reflexión está asentada en los hechos y la historia, pues no una, sino varias, son las veces en que nuestro territorio fue víctima de agresiones militares británicas.

Mi gobierno, fiel a su objetivo de agotar los esfuerzos en la búsqueda de una solución pacífica y concertada a las graves diferencias con el gobierno británico, continuará manteniendo una conducta prudente, moderada y responsable. Nuestra voluntad de resolver este conflicto por medios diplomáticos es inquebrantable. Esta misma determinación es la que permitió llegar en un breve plazo a una solución pacífica, honorable y ejemplar con Chile acerca del Canal de Beagle. Pero esa actitud no debe ser confundida con inacción o condescendencia.

Londres no puede esperar que la Argentina, que jamás abandonará su reclamo y que ve sus intereses vitales, dignidad y derechos inalienables perjudicados por la mera presencia colonial británica en el Atlántico Sur, permanezca indiferente ante esta amenaza concreta a su soberanía y seguridad. Máxime, insisto, cuando ella coincide con un total rechazo por el Reino Unido a la búsqueda de una solución negociada para el motivo central de nuestras diferencias bilaterales.

También es claro que la instalación de una base estratégica en el Atlántico Sur sirve propósitos multilaterales globales, con consecuencias inmediatas para Latinoamérica y repercusiones amplias para toda la comunidad internacional.

Es sabido que una escuela del pensamiento estratégico británico sostiene que los límites geográficos de la OTAN no terminan en el Atlántico Norte y el escenario europeo sino que se extienden hasta donde alcancen los intereses nacionales de sus miembros. Es evidente que las islas Malvinas han sido incorporadas a esa concepción globalista. El 12 de julio de 1984, la primera ministra del Reino Unido declaró ante el Grupo Euroatlántico (cito): "Pese a que la OTAN establece un límite arbitrario, muchos de sus miembros están dispuestos a enfrentar un desafío a problemas fuera del área de OTAN. Tropas británicas están presentes alrededor del mundo... Desde las Falklands a Gibraltar, trabajando para el hemisferio occidental" (fin de la cita). El 20 de febrero de este año la señora Thatcher recordó ante el Congreso de los Estados Unidos que el Reino Unido mantiene tropas en el Atlántico Sur y agregó (cito): "Nuestra marina está de guardia en el mundo. Gran Bretaña cumple con su responsabilidad para defender la libertad en el mundo y lo continuará haciendo" (fin de la cita).

Más explícito aún había sido el 18 de septiembre de 1983 el secretario de Defensa británico cuando, en respuesta a una pregunta periodística, expresamente mencionó la importancia potencial de las islas Malvinas en el conflicto Este-Oeste.

Por su parte, cuando el aeropuerto estratégico comenzaba a ser construido, el subsecretario de Estado adjunto (Fuerza Aérea) John Peters, declaró ante el Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes, que -aun cuando el antiguo aeropuerto de la capital de las islas (cito): "es adecuado para los aviones de guarnición y para recibir aviones que operen como puente aéreo" es necesario contar con un aeropuerto mayor para "operar transporte estratégicos El y desde las islas" (fin de la cita). Agregó el subsecretario Peters (cito): "Gran Bretaña quiere estar en condiciones de desalojar la guarnición en una emergencia, tan rápidamente como quiere reforzarla en caso de emergencia, dada la posibilidad de que la emergencia sea en esta punta (el hemisferio Norte) y no en aquella punta, y por lo tanto sería muy bueno si la pista fuera lo suficientemente larga -podría ser de 9.000 pies (2.743 metros)- para despegar" (fin de la cita).

La filosofía globalista aparece también reflejada en un documento del Foreign Office en el que la base de Malvinas es mencionada como ejemplo de (cito): "un compromiso de defensa más allá del área de la OTAN" (fin de la cita), que Gran Bretaña retiene porque, según su gobierno (cito): "no puede ignorar amenazas a los intereses de Occidente en otras partes del mundo" (fin de la cita).

Fuentes parlamentarias y técnicas británicas también han sido claras. La importancia estratégica de las islas Malvinas y Georgias del Sur en el conflicto entre las dos grandes alianzas militares ha sido alegada reiteradamente en las Cámaras de los Comunes y Lores por miembros del partido gobernante. El tercer informe del Comité Selecto de Defensa de la Cámara de los Comunes contiene referencias expresas a la intención de utilizar el aeropuerto estratégico de Malvinas para hechos que puedan producirse en el hemisferio Norte. El "Survey of Current Affairs" de diciembre de 1983 menciona el propósito británico de (cito): "aumentar la capacidad de desplegar rápidamente fuerzas entre los teatros de Europa y el Atlántico Sur" (fin de la cita).

Este contexto, al que podría enriquecer con otras citas similares, es indispensable para comprender la dimensión exacta de la política británica en el Atlántico Sur. A través de sus bases estratégicas en las islas Malvinas y Ascensión, el Reino Unido aspira a controlar las líneas marítimas de comunicaciones internacionales -del Atlántico y Pacífico Sur y a estar en condiciones de operar ofensivamente en Latinoamérica y África. Que nadie crea que estamos exagerando o siendo infundadamente alarmistas. Declaraciones públicas de autoridades británicas, las actas del Parlamento y los estudios de institutos especializados en asuntos estratégicos respaldan nuestras afirmaciones.

Quien se tome el trabajo de recorrer las fuentes citadas, descubrirá otras evidencias aún más graves. Por ejemplo, que ciertos sectores cercanos al gobierno del Reino Unido insistentemente hacen una vinculación necesaria entre la militarización del Atlántico Sur y la defensa de los intereses británicos en otras importantes regiones del hemisferio Sur.

Por supuesto, los más directamente afectados por esta situación son la Argentina y el resto de la América latina. Hace dos días efectué una declaración ante el Consejo Permanente de la OEA, donde me referí extensamente a estos aspectos. La política británica equivale a un grosero avasallamiento de los verdaderos intereses de nuestra región en el campo de la paz y la seguridad. Hasta no hace mucho, Sudamérica y el Atlántico Sud occidental se mantenían libres del conflicto entre las superpotencias. La base estratégica en las islas Malvinas, la introducción de armas nucleares en el Atlántico Sur y la concepción estratégica global que inspira la política británica en nuestra región

han cambiado brusca y diametralmente aquella situación, generando peligros previamente desconocidos en el escenario latinoamericano. Sabemos que los países hermanos del continente también lo ven así y que su preocupación no es menor que la nuestra.

El grave cuadro que he descripto también debe ser motivo de preocupación para el resto de la comunidad internacional. De allí mi presencia esta tarde en esta reunión.

Apoyo solidario Movimiento No Alineado

Debo decir que el Movimiento de los Países No Alineados ha sido en todo momento consciente y crítico de la política beligerante británica en nuestra zona del mundo. Es así que ya -:n la reunión cumbre de Nueva Delhi, los jefes de Estado o de gobierno consideraron que la masiva presencia y las actividades militares y navales británicas en la región de las islas Malvinas afectaban la estabilidad del Atlántico Sur. Esos conceptos fueron reafirmados por los ministros y jefes de delegación No Alineados a las 38 y 39 Asambleas Generales.

La oposición del Movimiento a los proyectos expansionistas del gobierno británico no podrían ser más justificados. No sólo porque el Movimiento respalda firmemente los derechos soberanos argentinos sobre las islas Malvinas, sino también porque la consolidación militar británica en el Atlántico Sur es claramente contraria a los intereses del no alineamiento. En efecto, los proyectos estratégicos globales de Londres y la militarización de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur crean un nuevo foco de tensión entre las dos mayores alianzas militares y conllevan la prolongación indefinida del colonialismo en Latinoamérica. Ello conspira contra objetivos políticos prioritarios del Movimiento No Alineado y las Naciones Unidas.

La urgente y definitiva eliminación del colonialismo es un imperativo moral y práctico. Su subsistencia no sólo es espiritualmente intolerable sino una concreta y grave fuente de conflicto que obstaculiza el logro de la paz y distrae recursos y esfuerzos necesarios para el desarrollo económico y social legítimamente reclamado por nuestras naciones.

Por todos estos motivos confiamos en que nuestra justa lucha continuará recibiendo el apoyo solidario del Movimiento No Alineado. Los argentinos haremos honor a ese invalorable respaldo con una actitud responsable y digna, persistiendo en nuestro inquebrantable objetivo de recuperar lo que nos pertenece recurriendo a los medios indicados por la Carta de las Naciones Unidas para la solución pacífica de las controversias internacionales. Estoy seguro de que el Movimiento se une al llamamiento de la Argentina y Latinoamérica para que el Reino Unido abandone su política intransigente y adecue su conducta en este problema a los principios y propósitos de las Naciones Unidas y a las normas del derecho internacional.